Meditación: La medicina para la mente

No eran mis mejores años, pero sí los últimos de los que yo creía que serían los más difíciles. Atravesaba el programa de Bachillerato Internacional de mi colegio, esperando un cierto puntaje para poder convalidar estudios generales en la Universidad de Lima. Si no obtenía el puntaje que quería, me estaría atrasando un año entero para comenzar mi carrera universitaria. Me esforzaba mucho y podía considerarme a mi misma una alumna aplicada. Sin embargo, no llegaba ni al tercio superior de mi promoción. Lo intentaba todo, pero tanta competencia entre todos los alumnos me hacía sentir insuficiente. No quería caer en la tentación de rendirme. Conseguir lo que yo quería, que era no haber hecho el bachillerato, que me tomó un año más, en vano, era mi objetivo meta en ese entonces. El BI me enseñó a lidiar con el estrés y a aprender sobre la ansiedad. Invadió en mi vida entregándome conocimiento significante para mi, pero quitándome lo que más me gustaba hacer: dibujar, tocar piano y jugar tenis. En esos años, detuve el proceso de mejorar nuevas técnicas, de aprender nuevas canciones, y de mejorar mis golpes para encerrarme en el túnel que me llevaría a una tranquilidad y seguridad que tanto buscaba.

Facebook era usado por mí y mi entorno como un medio de entretenimiento momentáneo, más que uno de comunicación u otras cosas. Encontrar y ver videos divertidos me tenía adicta ya que era la única manera de escapar mi realidad de estudio intenso por algunos minutos. Otras cosas que me ayudaban a descansar por un rato de esta realidad era salir con amigas y amigos, conversar con mis primas o salir a comer o ir al cine. Comencé a seguir estas páginas de autoconsciencia y autoayuda en Facebook, y saltaban frases inspiradoras que me motivaban. Cabe decir que la filosofía y la capacidad de autorreflexión siempre han sido mis fuertes… Algunos la llaman inteligencia existencial. Aquí comienza la historia real, encontré que muchos medios de páginas de Facebook de autoayuda y páginas web representativas de instituciones de psicología y en general de mucha gente como yo, recomendaba una práctica, muy conocida por su nombre pero no tanto por su aplicación, llamada meditación. ¿Cómo llegaron a esto? Pues estas páginas de las que hablo y sigo, te enseñan que la realidad de uno se construye a través de la mente. Te demuestra, a través de evidencias, que la mente humana es el arma más poderosa que tenemos. ¿Qué evidencias? El efecto placebo es una de ellas: este es el tratamiento por el cual un paciente recibe cierta dosis de pastillas con sustancia que no tienen efecto directo ninguno con la enfermedad del paciente, y aún así presentan mejoras de síntomas de la enfermedad. El propio paciente se auto influencia por la sensación de que está siendo tratado, lo que aumenta su esperanza de curación y así se mejora y se facilita su recuperación. Por otro lado, hay un dicho que dice “The same boiling water that softens the potato hardens the egg. It’s about what you’re made of, not the circumstances”, que quiere decir “el mismo agua hirviente que ablanda la papa endurece el huevo. Todo se trata de lo que estás hecho, no de las circunstancias”. Este dicho trata de transmitir el hecho de que la mente es capaz de cambiar situaciones completamente reales y que no importa cuáles sean las circunstancias en tu vida, lo que realmente importa es qué haces al respecto. Entonces, ¿de qué manera se conecta la meditación con la mente?

Volviendo a mi idea central, después de investigar, si se podría decir ardua o extensamente, decidí probar esta práctica mundo-controversial. La meditación tiene diversas definiciones, pero a mí me sirvió como práctica en la cual se entrena la mente para ver las situaciones con más objetividad, con más distancia, sin sentirse directamente identificado. Esto me ayudó a pensar con más claridad y efectividad, además de a no tomarme las cosas de manera personal. Cuando nos tomamos las situaciones y acontecimientos subjetivamente, nos llenamos de sentimientos negativos y esto nos bloquea mentalmente y nos causa depresión. No en todos, pero sí en muchas personas.

La primera vez que medité fue difícil pero mostró efectos en mí que contaré más adelante. Habré durado unos pocos minutos como máximo. Pero así se comienza. Los especialistas te recomiendan comenzar poco a poco, y con la práctica, ir aumentando la duración. Pero, ¿en qué consiste la meditación? Para comenzar, se tiene que encontrar un respaldar en donde apoyarte. Es necesario algún tipo de soporte para mantenerse más enfocados en la respiración y no en la posición de nuestro cuerpo mismo. Sin un soporte nos concentramos en que si estamos moviéndonos o en que si nuestro cuerpo se balancea de un lado para otro. Puede sentarte en tu cama y poner almohadas como respaldar. Si estás en el trabajo y tienes una silla de oficina cómoda podrías meditar sentado o sentada ahí. También puedes meditar en un jardín con el atardecer. No es imprescindible estar sentado con las piernas dobladas para meditar.

Por otro lado, es mejor que el lugar que escojas no tenga demasiada luz.  La luz tenue o incluso la complete oscuridad funcionan mejor. Sin embargo, no tiene que estar completamente negro. Mientras que la luz no obligue a nuestros ojos a seguir abiertos todo bien. Este requisito de la luz es indispensable porque cuando hay menos luz, nuestro cuerpo expulsa las hormonas de la melatonina las que causa que nuestro ojos se comiencen a cerrar sin tener que estar esforzándonos en cerrarlos constantemente. Sin embargo, no es obligatorio. El mayor reto de la meditación, que es aquel que tomó más tiempo en aprender es: concentrarse en la respiración. Antes de explicar cómo se logra, explicaré que para efectuar esta práctica, se respira por la nariz unos cuatro segundos y se bota el aire, por la nariz también, unos 8 aproximadamente. La manera de respirar es importante: no debemos expandir el pecho, sino el abdomen. Respirar expandiendo el pecho crea una presión en esta parte del cuerpo y aumenta la ansiedad. En cambio, expandir el abdomen da una sensación de relajo, debido a que de esta manera, el cuerpo asimila mejor el oxígeno. Si lo haces bien, te darás cuenta en cómo el diafragma se expande y se contrae.

En cuanto a la intensidad de la respiración, no debemos de esforzarnos mucho para inhalar y exhalar. El proceso debe ser suave y simular una respiración natural. Ahora lo más difícil: ¿dónde está nuestra mente mientras ejercemos esta práctica? ¿En que estamos pensando mientras respiramos? Pues el mayor reto es concentrarnos en una sola cosa: la respiración. Hay muchas maneras de lograrlo. La mente de uno es invadida por miles de pensamientos cada día. Dudas, memorias y emociones entran y salen de nuestra cabeza de momento en momento. Debemos de concentrarnos en cada segundo de esta práctica en cómo el aire entra y sale de nuestro cuerpo. Si pensamientos alternos comienzan a invadir simplemente regresa la concentración a tu respiración. Cada vez que esto pase vuelve a regresar a tu respiración. Con el tiempo la concentración aumentará y el proceso será más y más efectivo. Hay maneras simples de evitar o al menos reducir los momentos de distracción. Una de ellas es ponerse mentholathum en crema en la nariz. De esta forma el olor te mantiene atento a tu respiración. Lo he probado y funciona muy bien.

Contaré ahora lo que sucedió después de la primera vez que medité. La parte final de mi meditación se interrumpió por una voz imponente que dijo: “¡Fátima, ven a comer! ¡La comida ya está lista!”. Reaccioné tranquilamente, entré a la cocina y me senté en la misma mesa en la que estaban sentados mis hermanos menores, quienes se estaban peleando por algo tonto: dónde poner el servilletero en la mesa. Cortando su discusión, lo tomé y lo puse al medio y dije algo como: “aquí no te molesta a ti, y a ti tampoco”. Comencé a comer tranquila. Ellos se quedaron callados también y siguieron comiendo. Lo que pasó no refleja transparentemente lo que pasaba dentro de mí. Me sentía en un estado de paz y de tranquilidad que no había sentido antes. Con la meditación relajamos y pacificamos la mente. Además liberamos la conciencia, para así pensar mejor y tener un día de calidad, especialmente cuando nuestros deberes y responsabilidades nos tienen un poco tensos o con estrés. Concentrándome en mi mente y mi salud logré enriquecer poco a poco mi potencial académico. Obtuve el puntaje que soñé por años, me emocioné y hasta lloré de la alegría cuando me enteré que… ¡Lo había logrado!

Con el tiempo, llegué a gozar de otros beneficios más de la meditación.