Cómo No Llegamos Al 48 Hour Film Project

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La mano temblorosa. Los nervios de punta. Era (probablemente) el menor de todos. Lentamente metí mi mano al sombrero y saqué el papel: no lo abrí. Intranquilo esperé el “¡ya!” del moderador y corrí hacia mi equipo para ver el género que nos había tocado.

“La puta madre”.

Nos había tocado película muda o ciencia ficción.

El Lima 48 Hour Film Project

El pasado viernes 2 de junio se celebró en Lima el 48 Hour Film Project dentro de la séptima edición del Festival de Cine Al Este De Lima.

“¿Qué? ¿Y qué es eso del 48 Horas, Sebas?” – me dijo

“Es un concurso de cortometrajes en el que tienes – literalmente – 48 horas para realizar un corto. Pero el chiste está en que te dan una línea de diálogo que tienes que usar, un objeto y un personaje. Y los tres tienen que aparecer sí o sí, manyas.”

“¿Tipo un corto de boleto?”

“Algo así, solo que lo pendejo está en que también te dan el género. O sea, te puede tocar desde musical, película muda o film de fémme hasta ciencia ficción, película de acción japonesa o western.”

Regresemos en el tiempo un año. El Lima 48 Hour Film Project del 2016 fue una de las mejores experiencias que tuve. Recuerdo con claridad toda la presión que sentí cuando metí mi mano en el sombrero para sacar el género y cómo todo eso se desvaneció al leer “DRAMA o película de acción japonesa”. Claramente escogimos drama. 48 horas más tarde teníamos un cortometraje titulado “Clinch”.

Queremos creer que lo escogimos porque aludimos a la presión que siente nuestro protagonista por parte de su hermano mayor, la verdad es que no teníamos ninguna otra idea para el nombre y clinch es un término de boxeo que sonaba bastante bien.

Nuestro nombre de equipo fue “43 milimetros” en alusión a la productora audiovisual que creé en el 2015. Sí, sin tilde y en minúsculas. Me mentía a mi mismo diciendo que así también se podía escribir. Nunca estuve tan equivocado. Pese a mi error al escoger el nombre del equipo, no me equivoqué al escoger a mi equipo. Fuimos un total de 10 personas. Dos de esas diez se unieron inmediatamente después del concurso. El cuarto integrante del nuevo y mejorado “43 Milímetros” (nótese la tilde y la mayúscula) se unió casi seis meses después. Ursula Coello, Gonzalo Valdez, Valeria Talavera y yo conformamos el equipo oficial.

De izquierda a derecha: Julio Vidal, Fabrizio Castro, Ursula Coello, Sebastián Plasencia y Gonzalo Valdez en el Lima 48 Hour Film Project 2016.
De izquierda a derecha: Jair Gonzales, Valeria Talavera, Ursula Coello, Gonzalo Valdez y Sebastián Plasencia.

Como todo cineasta entusiasmado, teníamos la esperanza de ganar algo. Nunca perdimos la fe. La fe de poder llegar al Filmapalooza 2016 como los ganadores del concurso. Lo que sí perdimos fue el concurso. Ganó un cortometraje titulado: “Don Juan”.

Plaza de Barranco

El llamado general fue el viernes a las 5:30 P.M. Debo admitir que me sentía un poco confiado. Más maduro. Con más experiencia. Con un equipo más capacitado y más grande. Yo sentía que ahora sí, realmente, teníamos oportunidad de competir contra equipos mayores. Entregué y llené los documentos que solicitaban.

“Por lo menos este año estamos descansados. El año pasado el concurso fue nuestro fin de parciales.” fue lo que me dijo Gonzalo, mi director de fotografía. Poco a poco la gente empezó a llegar. Todos eran mayores que nosotros. Veía varias caras conocidas y muchas más caras desconocidas. Realmente era una fiesta cinematográfica. Me encantaba el ambiente. Todos estábamos ansiosos por saber cuál era el género que nos tocaría.

Grupo por grupo, los líderes de los equipos fuimos subiendo al escenario para recoger nuestros respectivos papeles. Estábamos dentro del grupo C, lo cual quiere decir que nos tocaba sacar al último. El moderador entrevistaba a los líderes de equipo – para animar la fiesta, claro está.

“¿De qué equipo eres?”

“43 Milímetros.”

Me dio valor el escuchar que mis amigos gritaron fuertemente.

“¿Y qué genero esperes que te toque?”

“Entre comedia…drama. Algo fácil.”

Sí que nos tocó algo fácil,

Posted by 43 Milímetros on Friday, June 2, 2017

 

Tuve que pedir que me dieran un tiempo extra para concretar mi decisión. Desde el escenario trataba de hacerle señas a mi equipo para delimitar el género. Por un lado sentía, realmente sentía, que podíamos lograr un corto de ciencia ficción en dos días. Pero por el otro, la aguja gigante de la realidad explotaba ese, quizás ingenuo, pensamiento. Lo sentía. Iba a decirlo. Mi boca quería formar la palabra “ciencia” como si fuese un impulso de muerte. La coherencia llegó a mí en el último milisegundo.

“Muda.”

Tras haber sobrevivido ese mini heart attack, teníamos que resistir el siguiente: el designio del personaje, objeto y línea de diálogo. Ya sé lo que estarán pensando: ¿cómo metes una línea de diálogo si es una pelicula muda?

“Sí, no hay problema. Puede ser escrita, con subtítulos o actuada. Lo importante es que se entienda.”

El año pasado fue así:

  • Personaje: Esteban o Estela Bernabé (deportista)
  • Objeto: Anillo
  • Línea de diálogo: Te amé

Lo que tocó este año fue lo siguiente:

Los tres objetos tenían que salir en el corto, ya sea por medio de la palabra hablada o escrita.

Yep, we were fucked.

T-48 Horas

Nos dividimos en dos grupos para ir desde Barranco hasta la casa de Valeria, segunda directora de fotografía, que queda en San Borja. Teníamos media hora para pensar ideas y de ahí discutirlas. Yo estaba en un taxi con Gonzalo y Ericka, la chica, quien, dos semanas más tarde, se convertiría en mi enamorada (solo que ella no lo sabía en ese momento).

“No sé por qué estoy pensando en algo loco, como de ciencia ficción. Tipo que todas las personas tengan las bocas cosidas. Así justificamos lo mudo.”

“Yo también estaba pensando lo mismo. Pero, no sé, Sebas, ¿cómo metemos el skate? Yo creo que tiene que ser un tema que cause impacto.”

“¿Cómo se llamaba esa enfermedad que te hace temblar, weon? No es alzheimer. Fuck! No me acuerdo.”

“¿Parkinson?”

“Sí, Parkinson. Gracias, Ericka. Creo que debemos contar una historia de una dentista que tenga parkinson. Que su instrumento para trabajar, el cual son sus manos, no funcione. Y que ese sea su mayor conflicto.”

Así cimentamos las bases de nuestra historia, la cual no terminó de ser armada sino hasta las 2 de la mañana del sábado 3 de junio. El tiempo transcurría y algunos se tenían que retirar. En la casa de Valeria solo quedamos Gonzalo, Andrea (productora), Ursula (editora y productora de campo), Valeria y yo. Lo que más recuerdo de esa noche es que:

  1. Solo dormí dos horas.
  2. Me estaba muriendo de frío.

La maleta de luces en la cajuela del carro. La cámara, adelante. Y el equipo de sonido, con las productoras. A las 10 de la mañana ya estábamos yendo al consultorio de dentista que habíamos conseguido tan solo dos horas antes. El taxi avanzaba rápidamente. Semáforo en rojo. Continuaba avanzando. Volteaba a la derecha. Todo de frente. Semáforo en rojo. Seguir por Caminos del Inca. Girar a la derecha en Burger King. Estacionar. Pagar. Bajar. Subir rápidamente las escaleras. Armar las luces. Poner la cámara. Esperar a la actriz. Tratar de no colapsar.

Tratar de no colapsar. Creo que se ha vuelto mi frase favorita durante las grabaciones. Cuando uno es director (y los que hayan dirigido me entenderán) hay muchas – muchísimas – cosas que pasan por tu cabeza. Tienes 43 voces distintas hablándote y preguntándote cosas. “Sebas, la actriz no viene y Andrea no me contesta”, “Sebas, ¿está bien esta taza o pongo otra?”, “Sebas, ¿cuánto más te vas a demorar?”. Y de entre todas esas, tú tienes que distinguir la tuya, y tratar de seguir con la historia. Normalmente se tiene una lista de planos o algún storyboard. Personalmente, me gusta mucho dibujar mis storyboards porque así le puedo transmitir a mi equipo mi visión de una manera mucho más clara y ordenada.

Storyboard del cortometraje “Superhéroe”.

Pero cuando solo tienes 48 horas, hacer una lista de tomas o dibujar los planos es casi imposible. A falta de una lista, tenía todos los planos en mi cabeza, y tenía que recordar todos los que quería hacer para que todo pudiese pegar en edición. Y a eso, súmenle el hecho de que se fue la luz… dos veces. Como dije: tratar de no colapsar.

Supuestamente teníamos permiso hasta las 12:30, pero nos extendimos hasta la 1:30. Por suerte, no fuimos de mucho fastidio para el dentista que estaba atendiendo pacientes en el consultorio anexo al nuestro. A las 2 ya estábamos comiendo en Burger King. La comida chatarra siendo siempre un clásico de las grabaciones. Tras una comida rápida teníamos que seguir grabando. Acá nos enfrentábamos a otra encrucijada: todavía nos faltaban dos actores. Por suerte, el esposo de Luzma, actriz protagonista de nuestro corto, estaba libre y podía hacer el papel del papá que nos faltaba, mientras que Andrea sacó a una niña de 11 años de la fucking nada.

Grabamos sin ningún problema hasta las 6:30 de la noche, aproximadamente. Ahí fue cuando empecé a colapsar. Comencé a dudar de la historia. Sentía la necesidad de cambiarlo todo. No me cuadraban las cosas. Me empecé a estresar. Me senté en el suelo. Ericka me abrazó y me puse a pensar. Sentía que la historia no se entendería. Que no pegaría en edición.

“¿Qué fue, por qué no están grabando?” vociferó Ursula.

“Escúchame, dile a todos que vengan. Necesito hablar con ellos.”

Ursula reunió al equipo. Todos entramos en el pequeño cuarto de Valeria. Incluso entraron un par de actores.

“No me convence la historia.”

Todos se quedaron callados. Después de haber grabado casi todo el día, decir eso fue como anunciar la muerte de alguien. El reloj seguía corriendo. Tratar de no colapsar. No quería que me pase lo que pasó en el Corto de Boleto del 2016. No quería atrasar al equipo. No quería estar inseguro de nuestra historia. Nuestras mentes maquinaban a todo ritmo. Pensar. Discutir. Gritar. Pelear. Pensar. Discutir. Gritar. Armar. Pensar. Discutir. Armar. Escribir. Llegó el punto en el que todos estábamos de acuerdo con la historia y sentimos que estuvo mucho mejor. Efectivamente, estaba mucho mejor.

Las horas seguían corriendo y nosotros seguíamos grabando. Las escenas iban quedando. Era una carrera contra el tiempo y contra los padres de Valeria, quienes no podían enterarse que estábamos grabando en su cuarto. Finalmente, a las 2:30 de la mañana terminamos de grabar el último encuadre. Saqué mi celular para poder anunciar a través de una insta-story en la cuenta de 43 Milímetros que habíamos acabado de grabar. Mientras hablaba, no podía contener la risa que me daba ver a Andrea y a Ursula dormidas en el sillón de Valeria. Se lo merecían. Habían hecho un gran trabajo. Todos habíamos hecho un gran trabajo. Tengo que admitirlo, me sentí orgulloso de nosotros.

Screenshot de Valentina interpretada por Luzma.

De todos los actores y actrices con los que he trabajado, Luz María De La Torre Ugarte, Luzma – para los amigos – es una de las mejores actrices a las que he tenido el placer de dirigir. Todas las escenas que grabábamos con ella eran espectaculares. Siendo esta la segunda vez que la dirigía me atreví a hacerle una pregunta.

“Luzma, ¿qué tal te parezco como director?”

“Creo que haces un muy buen trabajo. Siento que tienes las cosas claras y si hay algo que no te gusta y no sabes, pruebas, y le das libertad a tu equipo para que opine. Y a mí para que yo también experimente.”

Con una gran sonrisa en la cara, solo pude decir: “gracias”.

El Render

Esa noche llegué a mi casa a las 3 de la mañana. Me dije a mi mismo que dormiría tres horas y que luego me levantaría para pasar los archivos y ganar tiempo hasta que Ursula llegase para editar. Esas tres horas se volvieron seis y terminé levantándome a las 9 de la mañana.

“La conchesumadre.”

Había perdido tres horas de edición, que, como entenderán aquellas personas que han grabado, es un montón de tiempo. Siendo sincero, mi hermano menor fue quien me despertó. Hubiera seguido durmiendo como un bebé si es que Ursula no hubiera tocado el timbre de mi departamento.

“Ya me tengo que ir.”

“Dale, Uchi. Yo ya continuo editando.”

Cansado, y habiendo dormido menos de 10 horas en dos días, me puse a editar el corto. Un corte por aquí. Otro por allá. Agregar los foley. Poco a poco la historia fue tomando ritmo. Pasó de ser un conjunto de archivos a convertirse en una historia, que – en mi opinión – estaba quedando bastante buena. Poco a poco, los chicos fueron llegando. Primero llegó Gonzalo. Es ahí que hice una pausa para almorzar, porque sino hubiera seguido de largo. Después llegó Ericka. A ambos les mostré el primer corte. Les había gustado demasiado.

Al rato llegó la directora de arte: Cathy Acosta, luego Eduardo, otro productor, Andrea, y finalmente Valeria junto a su enamorado, Gustavo. Mi madre había preparado panes con pollo para todos, y fue junto a ella que vimos un segundo corte que yo había preparado. Tuve diversas reacciones.

“Siento que no se entiende.”

“No lo sé. Como que no me cuadra.”

Tomé la decisión más inteligente que pude pensar en ese momento.

“Mamá, ¿qué entendiste?”

Su respuesta me tranquilizó porque coincidió exactamente con la historia del corto. Tomé en cuenta algunos comentarios de mis amigos e hice unas ligeras modificaciones, de manera que ahora si estábamos más satisfechos con el resultado.

“Listo. ¿Qué nombre le pongo?”

Claqueta de cortometraje del Lima 48 Horas antes de haber pensando en un nombre.

Siendo 100% sincero, yo no soy muy bueno para ponerle nombre a mis proyectos. De hecho, esa es la razón por la que mis cortos tienen nombres como “Visto” o “Conversación Nocturna”. Solo les encargué a los chicos dos cosas mientras yo editaba:

  1. Terminar de llenar los documentos.
  2. Pensar en un nombre para el corto.

La primera, pese a pequeños contra-tiempos, fue realizada sin mucho esfuerzo. Sin embargo, la segunda, esa sí que fue un problema.

“¡Rápido, busca nombres de enfermedades bucales!”

“¿Es bucales o vocales?”

“¡Fácil algo en latín!”

“¡Ponle ‘Desesperación’!”

“¿Cómo se dice ‘desesperación’ en latín?”

“¿Qué mierda es chlorhexidina?”

Eran las 6:20 de la tarde y teníamos que estar en Barranco a las 7:30. Bajé la careta animada. Puse los créditos. Y sí, optamos por ponerle “Desesperación” (pequeño fun fact: debo admitir, que me he llegado a encariñar con el nombre). Subimos al carro de Cathy, cuyo cuerpo fue poseído por el espíritu de Toreto. Ella veía el Waze ansiosa. 6:45. El render iba en 15%.

“Escúchame. Borra el nombre de Marcia. No tenemos sus documentos.”

Sentí como mi cuerpo se hundía en el asiento. Tuve que parar el render, acomodar los créditos y mandar el video a procesar una segunda vez. Eran las 7 de la noche y yo estaba procesando un video de 7 minutos con un montón de efectos en la primera parte. Tiempo estimado de procesamiento: 44 minutos. No les dije nada a los chicos. Opté por quedarme callados. 7:15. Estábamos llegando a Barranco. 22% del render. Me sentía como esos capitanes de equipo que saben que van a perder, pero aún así están orgullosos de su equipo y deciden quedarse callados porque no quieren desilusionarlos. 7:20. Llegamos a Barranco. 33%. Faltaban 37 minutos para que acabe de procesar. 7:22. Nos estacionamos. 38% del video. Tomé aire. 33 minutos. Y me armé de valor.

“Chicos, tengo que decirles algo. Según esto faltan 33 minutos para que acabe el video, y solo nos quedan siete para estar fuera de competencia. Sea cual sea el resultado. Solo quiero que sepan que estoy muy orgulloso de su trabajo, porque nos hemos sacado la mierda haciendo esto. Y ha quedado muy muy chevere para haber sido solo 48 horas.”

Silencio total. Nadie dijo nada. Solo se escuchaban las luces del carro. Gonzalo rompió el silencio.

“¿Cuánto falta?”

Miré lentamente: un milagro.

“¡Seis minutos!”

“¿¡Seis minutos!?”

“¡Si, weon! Debe haber sido solo la primera parte que pesaba un montón por todos los efectos que le metí.”

“¡¿Qué hora es?!”

“¡7:24!”

“Vamos. ¡Sí tenemos huevos, sí tenemos huevos.!”

Todos bajamos. Debo admitir que me sentía con suerte. Tenía fe. Tenía de fe de que fuéramos a llegar. 7:27. 3 minutos para que acabe de procesar. Sí se podía. O al menos, eso quería creer porque todavía teníamos que pasar los videos a dos USBs. 7:28. 2 minutos para que acabe. Llegamos a la plaza. Había una proyección de una cuenta regresiva gigante. 7:29. 1 minuto y medio para que acabe de procesar.

“Está perfecto. Si llegamos, porque tiene que llegar hasta 7:30 con 59 segundos.”

Gonzalo me llenaba de esperanza. Nos llenaba de esperanza. Pero no lograba eliminar del todo la gran aguja de la realidad. Faltaba un minuto para que la cuenta regresiva termine. “Ya estamos”, “si llegamos”. 100% en el render. 45 segundos en el reloj. Ya estábamos ahí. Nos sentíamos tan cerca de la entrega. Sin embargo, en el 100% de procesamiento, el disco duro se desconecta y hace que mi computadora se congele. Todos nos quedamos paralizados. Cinco. No sabíamos qué hacer. Cuatro. Nos mirábamos los unos a los otros. Tres. Hacía click y no respondía. Dos. El video no acabó de procesar. Uno. No logramos llegar.

Después de dos minutos, logramos pasar todos los archivos. El video sí se había procesado después de todo. Toqué la claqueta para indicar oficialmente nuestra llegada a la mesa de entrega. Dimos todos los documentos.

“Si saben que están descalificados, ¿verdad?”

Mi corazón se partió un poquito.

“(No, fíjate, no sabía) Sí, claro. Pero igual queremos entregar nuestro corto para que se proyecte.”

Firmé lo que tenía que firmar y me fui. Me sentí derrotado, pero Gonzalo me hizo reír cuando me dijo: “ven Sebas, hay que tomarnos una foto de cuando la cagamos”. Y sí, la habíamos cagado, y pese a que la habíamos cagado, estaba orgulloso del trabajo de mi equipo y de todo lo que se esforzaron. Eso me aliviaba. Y yo quería aliviarlos a ellos.

Andrea, Cathy, Gonzalo, Ericka y yo estábamos en un círculo.

“Oigan, hay que sentarnos.”

Andrea no tuvo que repetir dos veces su propuesta. Vimos un banco vacío. 7:45. Caminamos hacia él. Tenía mi laptop en la mano. Andrea era quien estaba delante nuestro. 7:46. Estábamos a punto de llegar. Pero, un grupo de chicos sale – de la fucking nada – y se sienta en ese mismo banco. Todos nos detuvimos. Nos miramos las caras y no hicimos más que reír. Reír mientras nos quitábamos de aquella plaza hacia el carro de Cathy. Reír, porque, a pesar de nuestros esfuerzo, ni si quiera a eso llegamos.

Desesperación – Trailer | 48 Hour Film Project

#LIMA48HORASEl fin de semana pasado participamos en el Lima 48 Hour Film Project e hicimos un cortometraje en dos días. Tras una larga y exhausta batalla entre el procesamiento de la computadora y la corta cuenta regresiva… quedamos fuera por un par de minutos. Sin embargo, ¡todo el esfuerzo que pusimos y la confianza que depositaron en nosotros no fueron en vano! Lo dimos todo y ese esfuerzo lo podrán ver cuando el corto sea proyectado en UVK Multicines San Martín, los días 12 y 13 de junio. Aquí les dejamos el teaser trailer, así que ya saben: ¡compren sus entradas a S/. 10 y ayúdennos a ganar el Premio del Público!PD. Sí, también lo subiremos a nuestro Canal de YouTube. PD2. Sí, también participaremos el próximo año#BaratitoNomá #AVerSiAEstoSiLlegamosActores:Luzma De La T.uOmar García Renato García Federico De Las CasasJimena FrancoYsabel Salvador Yennifer RoaCrew:Dirección – Sebastián Plasencia GutiérrezAsistente de dirección – Gonzalo ValdezDirección de fotografía – Valeria Talavera y Gonzalo ValdezProducción – Andrea Varon Matallana, Ursula Coello, Eduardo Mendoza, Kevin Vera y Fabrizio Castro CarrilloDirección de Arte – Cathy Acosta BonillaSonido Directo – Ericka GarciaMaquillaje – Yennifer Roa y Macumish / make-upEdición – Ursula Coello y Sebastián Plasencia

Posted by 43 Milímetros on Thursday, June 8, 2017

 

 

 

 

 

 

 

SUPERHÉROE: CORTO UNIVERSITARIO PREMIADO EN MÉXICO

¿Qué tanto puedes contar en 60 segundos? Según los chicos de 43 Milímetros, demasiado. El 11 de noviembre del 2016, Ursula Coello, Valeria Talavera, Gonzalo Valdez, Jair Gonzales y Sebastián Plasencia ganaron el premio al mejor cineminuto en el concurso “Haz Corto Con La Corrupción” con su cortometraje: Superhéroe.

En una entrevista que la Universidad de Lima realizó, Gonzalo – productor del corto – comentó que “de chiquito yo solía colgar hilos en mi cuarto como si fuera Spider-Man, Sebastián me dijo que sentía que le faltaba algo, y decidió agregarle el tema de la violencia infantil”. “Hoy en día es un tema muy importante y creemos que la gente que lo vea, va a tener un gran impacto emocional. Y lo mejor es que se logra todo en un menos de un minuto” nos reveló Úrsula – editora.

El video ya tiene casi 5000 vistas en YouTube y, hasta la fecha, ha tenido  sido presentado en cuatro festivales en México y Estados Unidos. Actualmente, se está preparando para ser proyectado en el Latin Chicago Film Festival. “Me da risa porque mis amigos, a excepción de Gonzalo, no le tenían mucha fe al corto. Cuando ganamos, lo primero que hice fue restregarles su equivocación” comentó Sebastián riendo.

Si bien, muchas personas han visto el cortometraje, muy pocos conocen la verdadera historia. “La idea original era mandarlo a un concurso que estaba organizando Canon. Lo enviamos el último día de la admisión… y ni si quiera fuimos seleccionados. Me da risa acordarme porque no fuimos aceptados en un concurso en nuestro país, y aun así ganamos un premio internacional” fue la respuesta de Sebastián.

Es interesante ver cómo un grupo de universitarios, que ni si quiera ha llevado taller de video, se esfuerce tanto para lograr sus metas y poder ser conocidos. Lo que más rescato de la entrevista que pude tener con los chicos es lo que dijeron respecto al presupuesto: “Nos costó menos de 100. Solo tuvimos que gastar en el taxi y en la máscara para nuestro actor”. Ello demuestra que no todo el cine barato es malo, y que el futuro, realmente, no está escrito.

Los chicos del equipo de 43 Milímetros.