En Tambillo y no en Miami

Eran las vacaciones de Julio, las más largas y esperadas. Un duro ciclo de la universidad había finalizado y yo, por mi parte, ansiaba estos días libres para pasar unos días en la playa, viajar a Miami y salir de “juerga” al menos dos fines de semana. ¡Qué ricas vacaciones!

Saliendo de mi último examen final, recibí una llamada que cambiaría estas vacaciones de sueño en una gran lección de vida.

Mi mamá me dijo que este año era muy poco probable viajar al exterior y que me vaya haciendo la idea de no hacer muchos planes, ya que ella tenía preparado unas vacaciones diferentes para mí. Entusiasmada por la idea, no veía la hora de llegar a mi casa y descubrir la noticia.

-Te vas de misiones a Ayacucho por dos semanas.

¿De misiones? ¿a Ayacucho? En lugar de playa, serían montañas; ya no Miami, sino Tambillo, y no serían fines de semana de “juerga”, sino de evangelización y oraciones. De manera sarcástica le respondí a mi mamá: ¡Qué ricas vacaciones!

No me causó mucha gracia el cambio completo de mis planes, pero bueno accedí a ir sin mucho gusto.

Conmigo viajaban tres “monjitas” y catorce chicas entre 18 y 25 años. El viaje fue por bus y duró toda la noche. Gracias a Dios mi madre me había comprado los asientos más cómodos y pude disfrutar de ese viaje. Lo que no sabía en ese momento era que esa noche sería la última donde dormiría cómodamente.

Empecé a conocer a las personas con quienes viajaba. Las hermanas eran bien buenitas, unas tiernas que hablaban de Dios y del amor todo el día; las chicas eran muy divertidas, la mayoría aún estudiaba en la universidad, otras ya habían acabado su carrera. Mi pregunta siempre era, ¿por qué escogerían pasar sus vacaciones así?

Llegamos a Huamanga al amanecer. Esta ciudad nos recibió con un cielo maravilloso. Siempre he disfrutado ese cielo ayacuchano, no era la primera vez que visitaba esta ciudad y debo admitir que por ese momento lo preferí mil veces que Miami.

Estuvimos un rato en Huamanga. Las hermanas nos llevaron a misa en la catedral.

-Hace tanto tiempo que no asisto a una misa – le confesé a una de ellas.

Con mucha ternura me dijo que esta era el momento perfecto, que aproveche de confesarme y recibir la comunión. No podía negarme a tan dulce propuesta. Así lo hice y celebré misa por primera vez después de mi confirmación.

Salimos de lacatedral y tomamos un bus hasta Tambillo, un pueblito que se ubicaba  a dos horas de Huamanga. Este bus era más pequeño y no tan cómodo, pero bueno, ya estaba a allí. Durante el viaje, las monjitas sacaron su guitarra y empezaron a cantar. Las canciones no parecían religiosas, pero lo eran. No sabía que existían canciones para Dios tan alegres y con ritmos modernos. Me acerqué a una de ellas y le pedí un cancionero. Me contaron que tenían un grupo musical, se llamaban las Siervas. Me mostraron su videoclip y empecé a quererlas más.

 

Tambillo nos esperaba con un hermoso cielo despejado completamente. Llegamos a una escuelita muy pobre. Empezamos a sacar las maletas. Yo sólo estaba esperando que me dijeran donde quedaba el hotel, o por último el cuarto donde dormiría. Estaba muy cansada, solo quería tomar un baño y hacer una siesta.

¡No! ¡No había hotel, ni ducha! Dormiríamos en un salón vacío de la escuelita, dentro de nuestros sleeping bags y usaríamos el precario baño de la escuelita para echarnos baldes de agua fría y así asearnos. Yo no lo podía creer, no había forma. ¿A qué tipo de viaje me había inscrito mi mamá? Las cosas se empeoraron para mí cuando me enteré que nosotros mismas teníamos que cocinarnos, limpiar el baño, el cuarto, la cocina, lavar los platos, morir y seguir muriendo… cuando, en su lugar, podía haber estado tomando sol en algún lugar del planeta.

Pero no podía ponerme engreída a esas alturas del viaje. Al mal tiempo buena cara.

Nos recibieron unos niños lindos que tenían chapas en los cachetes y vestían ropitas gastadas. Me miraban asombrados, como si fuera de otro mundo. Sus ojitos al vernos se llenaban de ternura. Jugamos con ellos hasta que cayó la noche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Habían grupo de labores. Yo era feliz cuando me tocaba la cocina. No sabía mucho, pero estaba dispuesta a aprender. Sin embargo, ¡el baño! no había forma, me rehusaba.

La noche no la pasé tan bien. Dormí en el suelo, hacía mucho frío y el ruido del viento y algunos roedores de fuera me mantenían intranquila. Solo quería que amaneciera de una vez. Pensando y pensando en todo lo que me esperaría, sin darme cuenta, escuché cantar al gallo y una luz tenue de sol entraba por las ventanas del aula. Me desperté antes que todas, muy temprano. Tenía que buscar la forma de lavarme el cabello, al menos. El agua era helada, parecía recién bajada del nevado. Después de echarme agua, me uní al grupo para rezar. La “monjita” me pidió que leyera la lectura. Me caía bien. Se había convertido en mi amiga. Luego de esa pequeña oración de inicio de día, tomamos un desayuno sencillo y salimos a ‘misionar’.

A mi grupo le tocó ir al pueblo vecino. Tuvimos que bajar y subir colinas altas. Yo no entendía el sentido de hacer esto. ¿Por qué visitar a las demás personas? Después entendí todo. Llegamos al pueblo y todo era silencio. A lo lejos, vimos a una señora venteando quinua y fuimos a ayudarla.

Mientras la ayudamos nos contaba su historia, estaba triste. Su esposo estaba muy enfermo y ella tenía que hacerse cargo de la chacra, la familia y solventar todos los gastos del hogar. Una vida dura, que no cambiaban para nada su ánimo y sus ganas de saludarnos amablemente. Una vida dura que no cambiaban su fe. ¡Cuánta fe tenía esa mujer! Algo en su interior le decía que todo iba a estar bien.

Después vimos a una señora desgranando choclo. Decidimos ayudarla y de paso conversábamos con ella. Nos contó que su único hijo había desaparecido en la época del terrorismo y que no había día que no le esperase sentada en su puerta desgranando maíz. Yo no pude evitar llorar. Aún así, ella empezó a consolarme como una madre a su hija. Morí de amor.

Me percaté que alguien corría por allí. Era una niña y estaba llorando. Fui a hablar con ella, quería consolarla. No alcanzaba a entender lo que balbuceaba. Solo la abracé fuerte.  En el oído me dijo: “Mi mamá. No la encuentro.” Yo entré en pánico. ¿Dónde estaba su mamá? Ella corría por la pista sin miedo a los carros llorando y buscando. Era tan niñita, tan frágil. Salió una señora diciendo ser su tía y se la llevó. Nunca supe si encontró a su mamá o no. Espero que sí.

Teníamos que emprender nuestra caminata de regreso antes de que caiga la noche, ya que solo teníamos la luz del sol para iluminar. El retorno fue mucho más fácil, ya me había aclimatado y la altura no le afectaba a mi respiración.

Cenamos, rezamos y nos fuimos a dormir. Esa noche me quedé pensando en todo lo que había vivido ese día y todas las historias que había escuchado. Me dormí soñando con esas personas.

Al día siguiente hice todo más rápido y sin quejarme, quería volver a ese pueblito, quería seguir ayudando a esa gente en lo que podía.

Cada día era nuevo, nuevas historias, nuevas personas, nuevos rostros. No había momento que no agradeciera al cielo maravilloso de Tambillo por tener una vida llena de oportunidades, por tener algo que llevarme a la boca, por vivir emociones. No había día a partir del primero que no haya agradecido a mi mami haberme metido en este viaje, en toda esta aventura.

Limpiaba los baños, lavaba los platos, cocinaba y todo lo hacía feliz. Sabía que mientras más rápido lo hacía, más tiempo para visitar personas, escuchar sus tristezas y hacernos felices mutuamente. ¡Qué hermoso! Poco a poco ese visitar personas iba cobrando sentido.

Con mucha pena veía como esas dos semanas llagaban a su fin. Tenía que dejar a mis niños, a mis amigas, a mis amigas “monjitas”, a mis viejitos, sus historias. Extrañaría mi Tambillo, esas noches estrelladas, esas comida maltrecha, ese clima loco, esa sleeping bag donde tuve los mejores sueños de cambiar al mundo. Extrañaría poder ver cómo afloraba la mejor parte de mí, esa parte donde me preocupaba más por los demás y no sólo pensaba en mí.

En este viaje no visité playas, no fui por tercera vez a Miami, no me fui de “juerga”; pero amé muchísimo, salí de mí para ver a los demás. Me di cuenta que a veces es  bueno detenerse y escuchar la historia de los otros, maravillarse con su sinceridad al hablar, con la ternura que te las cuentan y ser sensibles para entender que te las comparten no solo para que los escuches, sino para los consueles, para tenerte de cómplice, amigo, alguien que hará algo para ayudarlo. Buscan en ti un refugio de sus problemas, un poco de alegría, calma y paz. ¡Qué lindo es escuchar al otro! Salir a su encuentro para consolarlo, amarlo, hacerlo reír, compartir con ellos y darle la esperanza de confiar.

No terminaré de agradecer a Dios esta hermosa experiencia. Espero con ansias mis próximas vacaciones para cambiar las sandalias por zapatillas y mi ropa de baño por buzos y casacas gruesas.

Gracias Tambillo porque no sólo me diste un cielo maravillo, sino el paraíso completo.

Actitudes necesarias para mejorar tus relaciones interpersonales

¿Qué es lo que hace que una persona caiga mejor que otra? ¿Cuáles son las actitudes que hacen que las demás personas se sientan cómodas contigo? Aquí una lista de algunas acciones que te ayudan a relacionarte con los demás

1. Sé humilde

No hay nada más lindo que entablar una conversación con una persona que no se cree el centro del universo. La humildad permite mostrarte tal cual eres y hacer que la otra persona se sienta cómoda también.

2. Reconoce las cosas buenas de las otras personas

Si tu amigo(a), ha logrado algo o le ha salido algo bien. ¡Dícelo! La envidia nunca es buena. Unas felicitaciones sinceras nunca están de más.

3. Corrige de una manera adecuada

Si notas algún error o mala actitud, no hagas que la otra persona pase vergüenza resaltando su equivocación. Acercate personalmente a ella y corrige con cariño, usa las palabras adecuadas. Recuerda que al igual que ella, tú también puedes equivocarte.

4. No hables siempre, también escucha

Una conversación es un diálogo, no un monólogo. Una persona que habla en todo momento satura y tiende a aburrir. Deja que exista un intercambio de opiniones. Escuchar al otro es a veces necesario y muchos te lo agradecerán.

5. Crea contacto visual

Por más que este consejo parezca muy íntimo, ayuda mucho dentro de una conversación. La mirada demuestra confianza, firmeza y seguridad. Muchas veces, una mirada puede servir más de apoyo que un consejo dicho. 

 

Tres valores importantes de la saga Harry Potter

En 1997 salió a la venta uno de los libros que ha revolucionado el mundo entero con su mágica e increíble historia. Esta saga escrita por J.K.Rowling ha cumplido veinte años de su primera publicación y sigue siendo uno de los libros favoritos por millones de personas. Más allá de entretener, la historia guarda muchas lecciones de vida. Aquí he querido recopilar cinco razones por la cual Harry Potter te hace mejor ser humano.

1. Amistades verdaderas

¿Quién no ha escuchado hablar del famoso “Trío de oro”? Este está conformado por Ron, Harry y Hermione. Ellos se hicieron muy amigos en su primer año en Hogwarts y desde allí se volvieron inseparables. Siempre se apoyaron mutuamente cuando uno necesitaba del otro y permanecían juntos sin importar lo difícil y arriesgada que se ponía la vida a veces.

 

2. Sacrificio

Desde el principio de las sagas, siempre se muestra a Harry como un mago dispuesto a realizar cualquier acción con tal de proteger a sus seres queridos. Y no solo por ellos, sino también por las próximas generaciones. En la batalla final, llegó al punto de entregar su vida por el bien de todos los que estaban peleando. No obstante, Harry no es el único que ha hecho sacrificios. Hermione Granger les tuvo que borrar la memoria a sus padres para que los mortifagos no los torturaran tratando de sacarles información sobre ella, Ron Weasley dejó a su familia para seguir con la misión que Dumbledore les había encomendado, Snape arriesgó su vida trabajando de doble agente para ayudar a Harry y Dobby ayudó a Harry a salir de la casa de los Malfoy dando su vida por salvar a sus amigos.

3. Amor

El amor es la base de los libros. En cada uno de los libros siempre se menciona al amor como algo importante para la esencia del ser humano. Se muestra, también, lo que le puede pasar  a una persona si no recibe amor. Asimismo, lo que sucede si la persona está rodeado por gente que lo estima y quiere lo mejor para él.  Si hay amor, hay felicidad y si hay felicidad las personas van a realizar actos buenos.

¿Qué hacer cuando no sabes de qué escribir?

La tarea de escribir artículo o ensayos no siempre es fácil. A veces podemos pasar largas horas frente al monitor y no tener ningún resultado. Aquí te dejo algunos consejos para encontrar esa tan preciada inspiración.

1. Concéntrate

La concentración siempre es clave para la inspiración. Si es que te enfocas en lo que quieres transmitir, será mucho más fácil que las palabras lleguen a tu mente. Para concentrarte es necesario que el espacio de trabajo sea el apropiado, sin muchas personas y sin mucho ruido. Porque recuerda la concentración y la creatividad van de la mano

2. Investiga acerca del tema

Siempre es recomendable saber sobre lo que escribes, leer lo antes ya escrito sobre el tema. Así no solo encuentras inspiración, sino también referencias. Nunca sabes si una cita de algún autor famoso pueda ser el mejor comienzo de un gran artículo.

3. Conversa con alguien sobre el tema

A veces pensamos muchas cosas y no sabemos cómo ordenarlas dentro de nuestra cabeza. Por eso, siempre el comunicar lo que pensamos nos ayuda a organizar nuestras ideas. Es recomendable salir de tu espacio de trabajo y hablar con alguien acerca de lo que escribes, pedir ejemplos, ayuda, opiniones. Quizá la inspiración la encuentras en esa persona o en algo que ella haya dicho.

4. Escucha música acorde al tema de tu escrito

Esto es de gran ayuda si encuentras el estilo de música adecuado. Recuerdo que un día que tenía que escribir sobre un musical. Allí la tenía fácil. Mientras buscaba la inspiración, coloqué el Soundtrack de la película como música de fondo y poco a poco se venía la mente las palabras exactas para comenzar a escribir.

5. Sal un rato a caminar

Una gran manera de encontrar inspiración, es saliendo de tu casa. Siempre los espacios abiertos, pero tranquilos ayudan a explorar en la creatividad. Mirar el cielo, las estrellas, sentir la naturaleza de cerca siempre es de gran ayuda. Nos ayuda a desconectarnos de los problemas y a enfocarnos claramente en lo que queremos producir.

6. Enamórate de algún elemento del tema sobre el que vas a escribir

Aunque este consejo raya en lo subjetivo, sirve de mucho. Es difícil, pero no imposible. Recuerdo que un día me tocó hacer un ensayo sobre los nazis, obviamente no me a enamorar de aquella forma de gobierno; pero sí sentí una profundad empatía por las víctimas. De esta manera, sentía que mi ensayo tenía el gran compromiso de ayudarlas y de hacer algo por ellas. Así fue que me inspiré.

7. Ten paciencia

Dios premia a los pacientes. Recuerda las mejores cosas tardan, pero llegan. La inspiración tarda, pero llega. En una sociedad donde el tiempo es un valor preciado, esperar un poco a veces suele ser fastidioso. Pero tranquilo(a), conforme vayas escribiendo, irás ejercitando y creando tu propia forma de llegar a la inspiración.

Consejos para viajar por el mundo, sin que tu bolsillo se vea tan afectado

Así como muchos de ustedes, de niña mi sueño máximo era viajar por todo el mundo y conocer muchos lugares.  Fui creciendo y comprendí que esa ilusión era más difícil de cumplir de lo que yo creía. El primer obstáculo era el dinero. Los viajes suelen ser carísimos.

Pero si, así como yo también eres misio y aun así quieres conocer grandes destinos turísticos, he recolectado para ti algunos consejos según mi modesta experiencia de mochilera

1. Elige un destino con fronteras amigables:

Sí, hay muchos países que sólo te piden tener pasaporte para ingresar. Recuerda que el proceso de visa siempre es complicado. Demanda de mucho tiempo y dinero. Por eso es recomendable sacarles el jugo a nuestros pasaportes. Tenemos acceso libre a varios países que realmente valen la pena dentro Latinoamérica (mucho mejores que Estado Unidos) y, ¡hola!, recuerda que podemos ingresar a todos los países de la comunidad europea sin necesidad de visa.

2. Compra tus boletos de avión con máximo 6 meses de anticipación: 

Por más que parezca un gran cliché, ¡es verdad! Siempre sale más barato. Además, siempre las ofertas aparecen mientras más anticipada a la fecha de viaje te encuentres. También es una buena forma de ir organizando las cosas, ya sean en el trabajo, universidad, colegio, etc. e ir separando esa fecha o para pedir vacaciones… Un dato más, así aseguras tu viaje y puedes ir planeando todo lo que harás: Más tiempo planificando, mejor salen las cosas.

3. No gastes en lujosos hoteles

¡Nunca! Este es el peor error que puedes cometer. Si quieres ahorrar de verdad, el hospedaje es en lo que menos debes pensar. Suficiente con una cama y un lugar limpio. Si incluye desayuno, mucho mejor; pero siempre a precio módico. Otro consejo interesante puede ser alquilar hospedajes. Hay una página conocida por los turistas llamada: Airbnb.com Ofrece habitaciones, departamentos completos a un precio mucho menor de los hoteles.  Recuerda se trata de conocer y vivir la aventura.

4. Sé buen turista y come lo necesario

La comida siempre es uno de los puntos que más nos preocupa, sobre todo a la mayoría de peruanos. Lo que recomiendo aquí es tomar un buen desayuno. Si el hotel ofrece, aprovecharlo al máximo. Recuerda comer carbohidratos y proteínas, que son las fuentes de energía esenciales para el organismo. No gastes comiendo comida cara, comida como la peruana no vas a encontrar. Ubica el supermercado más cercano y compra frutas, agua, panes, cosas necesarias para hacer emparedados consistentes. De esta manera te mantendrás nutrido e hidratado, sin gastar mucho.

5. Caminando conoces más

Una botella de agua, unas buenas zapatillas y estás listo para caminar por las calles de Europa, Brasil, México o donde tú quieras. De paso ayudas a tu vista a conocer nuevos paisajes, otras formas de vida, las calles de las ciudades, aprovechas de tomar buenas fotos, cosas que no puedes hacer desde un bus o metro; mientras ahorras a tu bolsillo un par de dólares o euros.

6. Aprovecha todo lo que es gratis

Casi siempre, en la mayoría de países se ofrecen eventos con entrada libre o ingreso a museos y bibliotecas solo mostrando tu pasaporte. Chequea días antes sobre eso durante tus fechas de viaje y aprovecha de asistir a todo lo que puedas. Y, claro está, si viajas a la zona del mediterráneo, costas del atlántico o mar Caribe… ¿qué más puedes pedir? Las playas son gratis y abiertas para los quieran disfrutarlas.

… y, por último,

7. Trata de no comprar recuerdos, sino de hacerlos.

Siempre que viajo con mi mamá este es uno de los puntos de discusión. Ella quiere comprar recuerdo para la tía, la amiga, la abuela, la prima, etc. Si quieres ahorrar no puedes hacer esto. El mejor recuerdo que puedes llevar son experiencias, anécdotas, fotografías. En ese consiste viajar, llenar de más historias tu vida. No pienses mucho en qué llevar, sino en disfrutar cada momento de tu viaje para poder entregar más que un simple llavero. Créeme, una buena historia puede emocionar más que un vasito con el nombre de la ciudad.

LA ULTIMA TARDE

¿Cuál será nuestra Última Tarde, aquella en la que reviviremos cada momento de nuestra historia? Para Laura y Ramón ya llegó, y no hacen más que caminar por las hermosas calles de Barranco recordando parte de su vida.

Una historia de amor casi imposible entre una “pituca” limeña y un militante cusqueño. Una historia llena de dolor, resentimientos, de cabos sueltos, de esperanza. Solo ellos dos caminando por una ciudad que se torna desconocida paso a paso. Una ciudad que nos trae nostalgia y melancolía. Solo ellos dos, permitiéndonos vivir sus recuerdos, sus memorias, conocer a personajes de su vida; mostrándonos sus más profundos miedos, sus anhelos, sus errores. Un reencuentro necesario, ya que diecinueve años no pasan en vano. Una conversación que trata de justificar decisiones y curar heridas. Mientras una cámara los sigue en una secuencia incansable

Solo ellos dos regalándonos una increíble actuación y demostrando que el pasado sí importa. Una historia que nos cuenta nuestra propia historia, la historia del Perú, pero esa de la que no muchos hablan… ¿Y el final? Un final que no contaré, porque tienes que ir a verla antes que la saquen de cartelera.

Aprovecha su primera semana de estreno y no te pierdas de ver en el cine esta gran producción nacional. Disfrutarás de una puesta en escena finísima, una dirección impactante y de lo mejor de Lucho Cáceres y Katerina D’onofrio.

Te aseguro que al salir de las salas, te preguntarás así como yo, cómo será tu Última Tarde.

Carta al Mejor Presidente del Perú

Querido Alan García:

Te escribo esta carta con la esperanza de que llegue a tus manos. Espero sinceramente que puedas leer cada una de estas palabras. Más que una carta de amor, es una de agradecimiento.

Primero, me gustaría darte las gracias por haberte dedicado a la política; sin ti los peruanos no seríamos lo que somos ahora. Gracias por hacernos fuertes, resistentes ante una crisis atroz de hiperinflación, por hacernos de capaces de soportar largas colas para comprar leche, arroz, azúcar, fideos, etc. Gracias por enseñarnos a ahorrar lo mínimo y a comer lo necesario.

Gracias a ti también aprendimos lo indispensable que es para un país tener buenas relaciones con el extranjero, abrirnos al mundo y no cerrarle las puertas por completo como lo hiciste tú. Créeme, nos dimos cuenta que no fue la mejor decisión, pero igual te lo agradecemos, ahora lo tenemos clarito.

Muchas gracias por hacernos de corazones recios, que cansados de llorar muertes injustas, tuvimos que resignarnos a aceptar la desaparición de hijos, sobrinos, hermanos dentro de aquel penal, ¿te acuerdas? Gracias por tu sutil indiferencia a la época del terror, porque nos hizo sacar fortaleza de donde sea para hacerle aguante a tanta masacre.

Gracias porque no te pareció suficiente haber gobernado una sola vez, sino que te lanzaste nuevamente de candidato a la presidencia. ¿Cómo hiciste querido Alan? ¿Tu innegable talento de cuentista y orador nos convenció por segunda vez? ¿Borraste recuerdos de la memoria de medio país? No, tú no hiciste nada. Fuimos nosotros que por agradecimiento a tan buen primer gobierno te elegimos de nuevo como nuestro presidente. ¡Pero mira que no nos cansamos de darte oportunidades!

Gracias por tener un gran cariño al Palacio de Gobierno, ¡qué bien se sentirá vivir allí! Viviendo así es difícil imaginar lo que sufren otras personas, ¿no? Como ellos no son de primera clase, ¿quiénes se creen para reclamar por unas tierritas en Bagua? Gracias porque de esa manera nos enseñaste a distinguir entre pobres de bolsillo y pobres de mente, de corazón. Te cuento que prefiero mil veces vivir en una choza, a escuchar cómodamente desde la radio de mi Palacio a mis compatriotas matándose entre ellos en el valle bagüino; sin reaccionar, sin hacer nada. ¿Qué es lo que preferiste tú? Ya se me olvidó. Igual gracias, todo lo que hiciste propició la unidad de estas pequeñas minorías por salvar sus tierras.

Y ya para acabar, gracias por enseñarnos a distinguir a un corrupto ejemplar. Ese que le da la vuelta a la ley, compra jueces, recibe coimas y roba a su gusto; pero puede vivir tranquilo, viajando una y otra vez, sin ser apresado, ni siquiera sentenciado.

Por eso, cuando escucho que tú eres la persona que más odia al país, yo te defiendo, querido Alan, y les digo que tú fuiste el presidente que más amor le tuvo al Perú.

Con cariño,

K.G.

 

LA COMPLEJIDAD DE SER UN COMUNICADOR

Elegir esta hermosa carrera, muchas veces nos ha traído más de un problema: críticas de nuestra familia y amigos, predicciones de pobres futuros y menosprecio de nuestras actividades artísticas.

Es común escuchar a estudiantes de otras facultades decir que le dedicamos gran parte de nuestra carrera a sacar fotos del jardín o que nuestra malla curricular se parece a un programa de talleres para vacaciones de verano.

Pero no, nuestra carrera va más allá de tomar fotos o de simples talleres. Y no, no escogemos esta carrera porque somos malos en matemáticas o porque sea nuestro último recurso. La escogimos porque, así como tú decidiste abrir este artículo porque te interesa, nosotros también decidimos estudiar Comunicaciones porque nos interesa, nos gusta y nos apasiona.

Es cierto, no es una carrera que demande genios en matemáticas o grandes científicos. En su caso, necesita de grandes mentes creativas, capaces de construir grandes cosas de la nada – y cuando leen nada, me refiero literalmente a la Nada. Esta carrera demanda de un génesis. Interesante, ¿no? Te lo pongo así. Si Dios creó en siete días el mundo, un comunicador tiene la tarea de crear una historia, un logo, un artículo periodístico, un slogan, un trailer, hasta una película entera, no para siete días, (¡no!) a veces para el día siguiente. Y por si acaso, con esto no quiero decir que seamos dioses (¿o quizásí?)

Estamos llenos de estereotipos: vagos, locos, volados. Pero todo esto no son más que mitos.  De por sí, solemos ser más habladores y expresivos, solemos creer que vivimos dentro de una película o que toda nuestra vida está siendo registrada por una cámara. Solemos ser muy profundos y apasionados, algo ostentosos al vestirnos; pero no, aún no llegamos a la locura.

No somos vagos; es más, creo que hacemos muchas más cosas que otras carreras. Mientras en otras facultades se dedican horas y horas para resolver ejercicios, nosotros tenemos que movernos por todo Lima haciendo “scouting”, tomando fotos, registrando noticias, descubriendo historias y buscando inspiración para nuestro siguiente proyecto.

Muchos se llenan la boca diciendo que no leemos nada. Es cierto que no leemos largas constituciones o literatura científica; pero perdón ¡¿cómo es eso que no leemos?! Libros enteros de periodismo, de semiología, de realidad social, de antropología, de publicidad, e-te-ce.

Nuestra carrera es tan especial como la tuya, ¡futuro médico! Es tan amplia, que todas las demás carreras en algún momento la necesitan. ¿Se imaginan qué sería de una empresa sin comunicadores? ¿qué sería de un político sin comunicadores? ¿qué sería de un país entero sin comunicadores? Me atrevería a decir que somos agentes claves para la sociedad.

Así que, si eres comunicador y estás leyendo esto, siéntete orgulloso de la hermosa carrera que has decidido estudiar; y si no eres comunicador y estás leyendo esto, espero que te haya servido para darte cuenta que los comunicadores no somos “hípsters” o “rebeldes sin causa”, que somos más que eso: personas capaces de crear, que aman el arte tanto que sí, son conscientes que no ganarán cantidades de dinero; pero que serán felices haciendo lo que les apasiona sinceramente. Recuerda que sacar una foto, no solo es presionar el disparador de la cámara, sino capturar lo más profundo de un momento.